El GEAS agradece el homenaje en un acto al que el escultor Jason deCaires Taylor no pudo acudir por sus compromisos anteriores
- FERNANDO DEL BUSTO
- AVIL
- El 28 de junio de 1979, Philippe Cousteau fallecía en un accidente de hidroavión en la desembocadura del Tajo, en Lisboa. Ese es el motivo por el que la Asociación de Amigos del Museo de Anclas ha escogido este día para un doble homenaje que viene realizando en el Museo de Anclas de Salinas, que honra la memoria del malogrado director francés. Por una parte es un recuerdo a todos los fallecidos de la mar y, por otra, el reconocimiento a personalidades e instituciones que han destacado en defensa de la mar, su cultura y sus gentes a las que se les hace entrega del Pergamino.
- DeCaires se declaró «halagado» por el reconocimiento, antes de confesar que con su obra había buscado apoyar la integración de «cultura, naturaleza y relaciones humanas», confesando que creía en la relación «entre arte y naturaleza».
- Por su parte, el presidente de GEAS, Antonio Álvarez, agradeció el Pergamino concedido al club deportivo que, además, realiza una intensa labor de concienciación sobre la necesidad de cuidar la naturaleza submarina. «Cada vez estamos más concienciados con el buceo respetuoso con la vida submarina», comentaba nada más recibir el reconocimiento. Álvarez acudió al acto en el Museo de Anclas acompañado por varios integrantes de la entidad.Justo antes de la entrega de los Pergaminos, la Asociación de Amigos del Museo de Anclas celebró su recuerdo a los fallecidos en la mar. En el mirador desde el que se observa el busto de Philippe Cousteau, el que fuera párroco de Salinas, Rafael Santos, rezó una oración en memoria de los náufragos.Tras la oración, se lanzaron astromelias o la flor del amancay a la mar. Previamente, Juan Manuel Cuervo había explicado la leyenda del origen de esta hermosa flor americana. «Quien da un flor del amancay, ofrenda su corazón» decían los indios vuriloches.
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lunes, 29 de junio de 2015
Los Pergaminos del Museo de Anclas elogian el respeto a la mar y al hombre
Mil historias bajo la cúpula del Niemeyer
La exposición "Portus" narra la evolución del puerto avilesino desde el Medievo hasta la actualidad, un viaje en el tiempo salpicado de curiosidades a pie de muelle
Amaya P. GIÓN El batir del agua de la ría contra los muelles y los sonidos que envuelven la actividad portuaria reciben en la cúpula delNiemeyer al visitante de "Portus", la muestra que conmemora el centenario de la Autoridad Portuaria de Avilés. Adentrarse en el espacio semicircular del complejo de la ría sume a quien se adentra en él en un viaje a través de la historia de una ciudad que se hizo a sí misma entorno a un estuario y a un puerto; unos muelles a los que llegaba la sal y que ahora mueven alrededor de cinco millones de toneladas de graneles y mercancía al año.
Lo primero que despierta la atención es un inmenso plano general de la ría y del puerto de Avilés que a modo de alfombra recoge el plan de obras de mejora del puerto de 1916. A su alrededor se puede ver la secuencia de la historia reciente. Fotos aéreas del último siglo muestran cómo ha evolucionado el paisaje a medida que los muelles fueron creciendo y modernizándose con el paso de las décadas. Y las dos alas del edifico detallan la transformación de las dos márgenes de la ría: a un lado, el paso de la emigración americana (destaca una baúl mundo con etiqueta de la Compañía Trasatlántica, procedente de la Casa Mana de Villalegre) al puerto carbonero y hasta la dársena de San Juan de Nieva; al otro, la desecación de los humedales y la construcción de los muelles de las grandes industrias públicas.
Para seguir un recorrido cronológico de la muestra, lo recomendable es subir las escaleras y comenzar la visita en la parte superior de la cúpula, espacio reservado a las joyas de la exposición. Avilesinos y visitantes pueden contemplar la confirmación del fuero por Alfonso VII en 1155, los documentos originales que hicieron de Avilés la primera villa cantábrica en recibir la protección regia mediante todo tipo de privilegios y facilidades al tráfico marítimo. También el "Liber Testamentorum" del Archivo de la Catedral de Oviedo, copiado hacia 1120 y que contiene la referencia escrita más antigua al nombre de Abilies. Y un pergamino de 1188 en el que Fernando II dona a la catedral de ovetense un tercio de las rentas que cobra del "portus" de Avilés, la noticia más antigua de los muelles locales.
"Portus" está repleta de curiosidades. Entre ellas, un documento que explica el conflicto que atravesó el puerto en 1320 por la descarga de mercancías y que se resolvió con un aumento de salarios; u otro de 1488 en el que los Reyes Católicos ordenan investigar el estado del puente y del muelle de Avilés, antes de autorizar su reparación.
La actividad pesquera también tiene un hueco en la exposición: desde el desarrollo de la industria conservera a mediados del siglo XX (representada con etiquetas de varias firmas radicadas en Avilés y en una lata de anchoas), pasando por el proyecto del puerto pesquero en 1975, hasta las modernas instalaciones de la lonja actual.
La exposición permanecerá abierta al público hasta el 10 de enero de 2016, pero algunas piezas y documentos, como el Fuero de Avilés, estarán expuestos de forma temporal. El acceso cuesta dos euros y los miércoles la visita es gratuita.
"Portus" es la joya del centenario de la Junta de Obras del Puerto y un viaje milenario a pie de muelle
domingo, 28 de junio de 2015
El 'Carlos Bertrand' hundido frente a Cabo Peñes JULIO 1950
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Bajando a la mina de Arnao
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lunes, 22 de junio de 2015
Naufragios en Avilés: el Sakumo Lagoon (1984)
Por Maxi
El tercero de los barcos que acabaron hundiéndose en aguas de Avilés es también el único del que aún pueden verse los restos. Se trata del cargueroSakumo Lagoon, de pabellón ghanés.
El naufragio en cuestión ocurrió el 5 mayo de 1984. El Sakumo formaba parte de un lote de cuatro buques que la empresa Desguaces y Salvamentos había comprado al gobierno de Ghana. Tres de ellos ya habían sido traídos a Asturias y achatarrados en Avilés, siendo el Sakumo el que cerraba el lote. El mencionado día, a las 8 de la mañana, el remolcador Aznar José Luis se acercaba a la bocana de la ría de Avilés arrastrando al Sakumo cuando algo falló en el cabo o cabos de amarre. El Sakumo se soltó y quedó libre. Puesto que iba sin tripulación ni maquinaria, fue donde lo llevaron las corrientes y el viento. En menos de una hora el buque quedó encallado al este del Faro de San Juan de Nieva, con la proa hacia la playa de Xagó. Atrapado en una costa muy escarpada, plagada de escollos mortales para cualquier buque, el Sakumo ya estaba perdido; a medida que bajó la marea, quedó partido por la mitad por las rocas y los embates de la mar. Pasó apenas hora y media desde que el carguero quedó a la deriva hasta que quedó destrozado contra las rocas, y eso que no era un buque pequeño (medía 138 metros de eslora, con casi 5000 toneladas de registro).
La parte de popa, más pesada, se quedó anclada en el fondo marino a pocos metros de la costa. La proa, con menos peso, se separó a merced de las olas y quedó medio volcada.
Se discutió durante meses como rescatar y desguazar ese pecio enorme que afeaba la costa. El acceso a la zona por tierra era (y es) muy complicado, mientras que es casi imposible acercarse por mar a no ser que el tiempo acompañe. Al final se optó por desguazar el buque con sopletes, hasta donde se pudiera, con la ayuda de una grúa de celosía situada en tierra. Se adaptó la zona junto al pecio para permitir el acceso de la grúa y demás maquinaria. Las zapatas de hormigón donde se cimentaba o apoyaba la grúa permanecen hoy en día intactas.
Puesto que tenían que trabajar a merced de las condiciones climáticas y en muy mala zona, las tareas de desguace duraron más de año y medio. Los trabajadores tenían que acceder al pecio mediante la grúa –imagino que también mediante embarcaciones, cuando el tiempo lo permitiera-. Así fueron cortando chatarra y extrayéndola, hasta que los restos del Sakumo fueron desapareciendo. Entre los quebraderos de cabeza que tuvieron los trabajadores estaba el combustible y lubricante que quedaba en depósitos y motor. Se discutió mucho cómo sacarlo para evitar derrames y vertidos, y al final se pudieron “aspirar” después de licuarlos con agua caliente, ya que estaban solidificados. Se extrajeron unas 70 toneladas de fuel, cifra que justifica las precauciones tomadas. Fotos de la época:
Lo único que quedó del Sakumo fue la zapata o base del buque y la pieza del motor, de gran tamaño y muy difícil –si no imposible- de desguazar. El bloque motor, de seis cilindros, puede visitarse hoy en día. Hay que llegar al faro de San Juan y seguir el camino que bordea la costa hacia Xagó; andados unos ochocientos metros junto a los acantilados, hay una bajada que se asemeja a una pista forestal que baja hacia el mar. Es la rampa para acceder a las dos plataformas de trabajo que se habilitaron para el desguace. En la izquierda no hay nada. Hay que ir a la derecha para ver las zapatas de hormigón que soportaban el peso de la grúa:
Y justo enfrente puede verse la fantasmal forma del motor del Sakumo, desafiando al oleaje. En las fotos puede no parecer gran cosa, pero al verlo en persona uno entiende por qué fueron incapaces de sacarlo del mar. Se conserva en relativo buen estado después de más de 25 años en el mar.
Por cierto, hay que ir en marea baja, y mejor aún si es una marea viva. En Google Maps puede verse perfectamente la zona, y creo que incluso se aprecia el motor:
Como curiosidad, justo detrás de las zapatas de hormigón se encuentra este “bufón” por el que sale a presión el aire, movido por el mar. El ruido que hace coge de sorpresa al visitante inadvertido, y sorprende la fuerza con la que sale el aire, empujado por la fuerza de las olas.
Por cierto, es gracias a mi padre, sapientísimo conocedor de todo lo relacionado con la mar asturiana y la geografía de lugares inhóspitos, que me llegué hasta el sitio… Igual sin sus indicaciones hubiera acabado en la Costa da Morte…
PD: este año 2011 se ha propuesto desguazar los últimos restos del buque.
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Geólogos a la caza de oricios en Arnao
Expertos internacionales buscan fósiles de hace 400 millones de años
- J. F. GALÁN
No hace falta bucear para sumergirse en un arrecife de coral. Basta con cruzar el túnel que comunica Salinas con Arnao. La masa rocosa que atraviesa constituye un arrecife coralino formado hace 400 millones de años o lo que es lo mismo, 4 millones de siglos, tanto que supera con creces la capacidad de la mayoría de los mortales para entender la variable tiempo. Miguel Arbizu, profesor de geología de la Universidad de Oviedo y uno de los mayores conocedores del tesoro de Arnao, lo define como «el mejor arrecife del Devónico Superior de Europa», e indica que en aquellos remotos tiempos, unos 200 millones antes de que el primer dinosaurio corriese o volase sobre la tierra, formaba parte de un relieve marino equiparable a la barrera del arrecife de Australia.
El túnel desemboca junto a la playa de El Dólar y la siguiente, según se avanza hacia el Oeste, es la de Arnao, otro santuario geológico que también comenzó a formarse hace 400 millones de años, cuando la tierra hoy llamada Asturias era subtropical y submarina. Fue allí, en un promontorio situado en la parte occidental de la playa al que se accede por un camino que parte del castillete minero, donde concentraron sus esfuerzos los 46 expertos internacionales que ayer se desplazaron desde Zaragoza a Asturias con el único fin de estudiar la plataforma de Arnao.
Era la guinda al congreso internacional que ha reunido durante una semana en la capital aragonesa a 650 geólogos y sedimentólogos de distintas universidades y centros de investigación del mundo, organizado por la Universidad de Zaragoza. ¿Y por qué Arnao? «Es uno de los mejores lugares del mundo para estudiar equinodermos del Devónico Inferior», explica Samuel Zamora, miembro del Instituto Geológico y Minero de España y jefe de la expedición que ayer visitó Arnao.
El Devónico es un período geológico que comenzó hace 416 millones de años y terminó hace 359, en la era Paleozoica, y el inferior, el más temprano, «constituye un momento importante, porque presidió a una masiva extinción de animales marinos», explica Zamora.
En cuanto a los equinodermos, son animales invertebrados marinos, como las estrellas de mar y los erizos, 'oricios' en Asturias. «Uno de los mejores del mundo de esa edad está aquí, en Arnao», manifestó Arbizu, que ejerció de guía. Mejor dicho, estaba. Fue una de las piezas que a cuidadoso golpe de piqueta se llevaron lo geólogos para disgusto de algunos vecinos que, quizá desconocedores de que se trataba de autoridades mundiales en la materia y que si Arnao tiene fama mundial a nivel geológico es precisamente gracias a sus estudios, llegaron a increparles.
Zamora asegura que una vez completados los estudios, los fósiles regresarán a Asturias. No a Arnao, sino al museo de la Universidad de Oviedo.
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